Un divorcio reorganiza tu vida — y tu declaración de la renta, que pasa a tener reglas nuevas que casi nadie explica en el juzgado. Estas son las que más dinero mueven.
No reduce tu base directamente, pero tiene un tratamiento especial que baja tu tipo: las anualidades fijadas judicialmente se gravan por separado del resto de tu renta, lo que suaviza la progresividad. Requisitos: que conste en sentencia o convenio y que se pague de verdad (los pagos deben poder acreditarse — transferencias, no sobres).
Aquí sí: quien la paga reduce su base imponible por el importe judicial, y quien la recibe la declara como rendimiento del trabajo. Es de las reducciones más potentes que existen — y de las más olvidadas el primer año.
La situación civil que cuenta es la del 31 de diciembre. Y ojo con la vivienda: si sales de la casa común, la parte que sigue siendo tuya puede pasar a imputar renta. Si el primer año lo declaraste mal, se puede corregir hacia atrás.
En las rentas post-divorcio casi siempre hay dinero mal dejado sobre la mesa — en una dirección o en la otra. Es de las revisiones más rentables que hacemos.
⚠️ Información general, no asesoramiento para tu caso concreto. La normativa cambia y su aplicación depende de tu situación: consúltala antes de decidir.
Revisamos tu nueva situación fiscal para que apliques todo lo que te corresponde desde el primer año.
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