Trabajas desde casa, tus clientes pueden estar en Madrid, Berlín o San Francisco... y cada uno lleva una factura distinta. La fiscalidad del freelance digital es sencilla una vez montada, pero tiene tres o cuatro piezas que conviene colocar bien desde el principio.
A empresas y autónomos españoles: factura con 21% de IVA y, como profesional, retención de IRPF del 15% (7% durante el año de inicio y los dos siguientes). La retención es dinero tuyo que el cliente adelanta a Hacienda por ti — no es un coste extra. Cómo montar la factura, en esta guía.
Para facturar a una empresa de otro país de la UE sin IVA necesitas darte de alta en el registro de operadores intracomunitarios (ROI). Con eso, la factura va sin IVA ("inversión del sujeto pasivo") y declaras esas operaciones en un modelo informativo adicional. Es puro trámite, pero sin el ROI el planteamiento cambia.
Los servicios a empresas de fuera de la UE (EE. UU., Reino Unido, Latinoamérica...) generalmente van sin IVA por las reglas de localización. Los ingresos, eso sí, tributan igualmente en tu IRPF: cobrar de fuera no significa no declarar.
Equipo y periféricos, software y suscripciones, coworking, parte de suministros si trabajas en casa, formación, comisiones de pasarelas de pago... La regla de oro y los errores comunes, en gastos deducibles del autónomo.
La diferencia entre un freelance tranquilo y uno estresado no es la carga fiscal: es tener el ROI, las retenciones y los trimestres montados bien desde el primer mes.
⚠️ Información general, no asesoramiento para tu caso concreto. La normativa cambia y su aplicación depende de tu situación: consúltala antes de decidir.
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