Del salón de barrio al centro de estética con cabinas, el sector belleza tiene una fiscalidad muy "de mostrador": mucha caja diaria, mucho gasto pequeño y un par de decisiones estructurales que marcan el año.
La peluquería es actividad clásica de módulos: tributas por local, sillones y personal, no por caja. Con el salón lleno, módulos suele ganar; con caja floja o recién abierto, la directa evita pagar por clientes que no existen. La decisión se revisa cada año — criterio completo en directa vs módulos.
Los servicios de peluquería y estética tributan hoy al tipo general. Si además vendes producto (champús, cosmética), esa venta es comercio: según tu estructura puede entrar en juego el régimen especial del comercio minorista. Mezclar servicio y venta es normal — llevarlo bien separado en caja, imprescindible.
Cada vez más común: profesionales independientes que trabajan en tu local pagándote por el espacio. Bien montado, funciona; mal montado, es un problema laboral y fiscal (falsos autónomos, IVA del subarriendo, quién factura a quién). Contrato claro, facturas cruzadas correctas y cada uno con su alta.
El salto de "yo sola" a "con una oficiala" cambia tus obligaciones (nóminas, retenciones, seguros sociales) — lo que implica exactamente lo tienes en contratar al primer empleado.
La belleza es un negocio de confianza y repetición — como una buena gestoría. Deja la fiscalidad tan arreglada como entregas a tus clientas y el salón dará gusto por dentro y por fuera.
⚠️ Información general, no asesoramiento para tu caso concreto. La normativa cambia y su aplicación depende de tu situación: consúltala antes de decidir.
Módulos o directa, IVA y local: te dejamos la fiscalidad del salón tan cuidada como tus clientas.
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